Ante todo, la actitud

Estoy preparada para la primavera, pero no ha llegado.
Todavía no.
Aun así camino, en busca de algún brote temprano.
Se trata sobre todo de actitud. Estoy segura
de que algo veré.

—Mary Oliver (Felicity)

¿Por qué meditamos? Esta es una pregunta a la que volver, porque los motivos van cambiando, año tras año, momento a momento. Quizá comenzamos llevados por el dolor, por un estrés que acaba convirtiéndose en sinvivir. Más adelante la práctica se transforma en un refugio, un lugar en el que vaciar y conectar con la vida de una manera más profunda. A veces se busca ser más feliz, o estar más presente, y otras se transita el anhelo de “incluirlo todo, abrazarlo todo”, sin distinción.

Hay, en fin, tantas razones como personas, pero existe un motivo que me parece especialmente importante cuando hablamos de la relación entre práctica de mindfulness —meditación, presencia— y creatividad: la recuperación de la capacidad de asombro. Eso que se ha dado en llamar “mente de principiante” y que se relaciona, a mi parecer, con un constructo más amplio: la fascinación.

Creo que es precisamente por esa conexión infinita con el asombro por lo que nos atrapan los poemas de Mary Oliver. Escritora concienzuda y con una infancia angustiosa, hizo de la naturaleza y las largas caminatas su tabla de salvación. Su yo poético destila presencia, plenitud atenta, observación amorosa, pasión por lo sencillo y, sobre todo, asombro y maravilla. Sin embargo, esta no era su manera natural de ser, su comportamiento “en automático”. Más bien, concebía esta forma de habitar el mundo como una práctica, un ejercicio continuo que requería de esfuerzo, intención y disciplina. A la vez, la recompensa era enorme. Como ella misma decía, “la atención es el comienzo de la devoción”.

Mary Oliver no solo destila presencia y amor por la naturaleza en sus poemas, sino que en su obra también desgrana su proceso creativo y su modo de encontrar la aparentemente errática inspiración. Y me parece que este verso es clave o, al menos, una de las claves. Lo más importante para encontrar esa forma distinta de observar y vivir el mundo es, sin duda, la actitud. De un estado de presencia plena y ternura viva surgen, casi sin esfuerzo, palabras bellas y honestas con las que conectamos, precisamente, porque son ciertas.

Acostumbro a llevar aspectos como este que, de cuando en cuando, me parecen claves, a mi propia práctica, y estas palabras surgieron de instantes de presencia plena a modo de celebración de la primavera naciente:

estalla la vida en la montaña
tu risa suave de fondo
el tacto cálido, manos enlazadas

manto verde moteado de flores
estrellas de luz, doradas y púrpura
un regalo sobrevenido
gozo del despertar
de la primavera

Y aquí otro, más urbano, casi un haiku:

Mirlos y urracas,
a saltitos
bendicen la primavera

¿Cómo se relacionan para ti la presencia plena, el espacio mental y la palabra? ¿Surge la palabra de otra manera al habitar el ahora con intensidad?

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