la noche

ya arropa las azoteas 

silencio rasgado por manos menudas  
que recorren 
las páginas de un libro 

crujidos 
como islas en quietud 

instante de paz 

de niña devoraba un libro tras otro 

mi mano rodea su hombro 
ternura
estremece el cuerpo 

Anterior
Anterior

Liberarse en la urdimbre

Siguiente
Siguiente

Crear sentido en el sufrimiento